Es demasiado triste ver como los humanos no concienciamos y hacemos algo para evitar que los animales del turquito pierdan su hogar, es horrible ver todo lo que hacen los humanos y como poco a poco acaban con ellos. Los seres y organismos del turquito son tan bonitos, todo lo que hacen es genial y maravilloso y es feo ver como acaban con ellos.
"El lugar donde se desarrolla esta historia es una de tantas y tantas heridas por donde Chiapas exhibe su caliza; donde manos irresponsables han quitado la exuberante cabellera que formaba el bosque, dejando mondo el cráneo de la roca; donde se ha levantado una raquítica cosecha de maíz a cambio de quemar una fortuna; donde en minutos la ceniza ha remplazado a la fibra vegetal que tardó siglos y milenios en formarse; en donde la hecatombe empezó cuando un bípedo, insignificante ante la grandiosidad de la Naturaleza pero creyéndose su amo, llegó armado de un hacha y gran ambición, tapados los ojos por la ignorancia, sellados los oídos por el tintinear del dinero"
y tantas heridas por donde
Chiapas exhibe su caliza; donde manos irresponsables han quitado
la exuberante
cabellera que formaba el bosque, dejando mondo el cráneo de la
roca; donde se ha
levantado una raquítica cosecha de maíz a cambio de quemar
una fortuna; donde en
minutos la ceniza ha reemplazado a la fibra vegetal que ta
rdo siglos y milenios en
formarse; donde la hecatombe empezó cuando un bípedo, insig
nificante ante la
grandiosidad de la Naturaleza pero creyéndose su amo, llego
armado de un hacha y
gran ambición, tapados los ojos por la ignorancia, sell
ados los oídos por el tintinear
del dinero.
Aguas limpias, saltando sobre las piedras y formando cris
talinas pozas, corren por
el fondo de un pequeño barranco, arrullando con su murmullo a
los turipaches que
esperan el sol sobre una roca, verde por tanto musgo que la
cubre y húmeda por el
salpicar del agua. La humedad se hace visible en una tenue
niebla que lentamente
escurre entre la maraña y flotando, flotando llega hast
a las copas de los gigantes
milenarios cuyo follaje compite con el de las enredader
as que trepando por los
carcomidos troncos tejen mallas de caprichosas vueltas,
por donde escapa
n
á
gilmente los monos al ser espantados por la sombra del á
guila arpía. Las campá
nulas azules, blancas y rosadas abren sus corolas al f
resco de la mañana, dando
colo un
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